Más humor (English)

Siendo yo un nene, un vecino del barrio le prestó a mi papá un disco de vinilo con chistes de un humorista de café concert, como llamamos en Argentina a lo que los americanos llaman stand-up (aún no sé como le dicen aquí en España).  Chistes de aquél entonces, década del setenta, que hoy suenan inocentes.  Recuerdo uno en particular que mi mamá citaba seguido cada vez que encontraba una analogía en la vida real.

La analogía

En frente de la masía donde actualmente vivo hay una granja de cerdos, si es que cabe llamar granja a estos establecimientos.  En la vista satelital se aprecian los cinco tinglados donde crían a los animales encerrados:

Imágen satelital

A su vez cada uno encerrado en un casillero:

Interior de los tinglados

¡Oh, miren esa mamá con sus bebés, qué adorable!

Cerda amamantando

Métodos que obedecen a lo que se deduce: investigando por internet averiguo que esta “planta procesadora de animales”, como me parece más apropiado llamarla, que no por casualidad está llevada por un fabricante de piensos (alimento a base de grano y vaya uno a saber qué aditamentos, que acá en España dan a los animales), recibió ya dos premios a la mayor productividad.

En los cuatro años que llevo viviendo aquí, cada noche de verano he tenido que soportar los quejidos de estos animales.  No por nada, muchos sonidos de bestias que oímos en películas de ciencia ficción y terror usan los quejidos de los cerdos, me atrevo a decir creados por el hombre, por la forma en que el hombre ha modificado a estos animales, desde que ningún animal salvaje (por ejemplo, su pariente cercano, el jabalí) hace esto de noche, por razones obvias.

Todos habrán visto fotos similares y aún más extremas de lo que se hace también con las vacas en los tambos, ni hablar de los pollos, tal vez los más castigados.  No obstante a nadie parece llamarle la atención.  No sé cuál será el estado de la carne en Argentina, pero aquí en España la carne de cerdo que uno normalmente compra en carnicerías y súper mercados pronto no se va a distinguir de la de pescado de lo transparente.  Crían animales enfermos, comemos la carne de animales enfermos, y por enfermos no me refiero a problemas como el de la reciente peste porcina africana, que es lo que preocupa a los productores puramente por la cuestión económica.  Mucho menos llama la atención a nadie el destrozo medio ambiental que este tipo de granjas implica.  En ésta que tengo en frente, hace poco tuvieron que construir lo que si no me equivoco fue una gran piscina para contener las heces de los cerdos (meses aguantando máquinas enormes rompiendo suelo de granito, dicho sea de paso), en teoría para evitar que contaminen las capas freáticas (en la vista satelital, en el ángulo superior izquierdo se ve lo que dibuja un signo de admiración, el punto es un tanque de agua y lo que viene a ser el palo que completa el signo es el contenedor a que hago referencia).  Lo gracioso es que, como se aprecia también en la vista satelital, estas granjas están rodeadas de hectáreas de monocultivo de trigo, en donde se abusa hasta el asco de fertilizantes, pesticidas, herbicidas y demás.  Por fertilizantes a veces se usa heces, pero hoy día generalmente aquí usan un compuesto que, al igual que con el pienso, sólo ellos sabrán con qué está hecho y los químicos que incluye, y que seguramente argumentarán es más “respetuoso del medio hambiente” que las heces (esta sería otra analogía con el chiste).

En verano, obligados por el calor insoportable, que cada año rompe su marca (¿por qué será?), con mi mujer nos llevamos un par de sacos de dormir y pasamos la noche en el bosque que arranca en la parte trasera de la casa.  Sufrimos exactamente lo mismo que los cerdos.  Esto no es Andalucía, es Cataluña, y a 700m sobre el nivel del mar, así y todo la temperatura este año, mes de julio (2026), no bajó de los 32ºC, hubo el día en que alcanzó los 36.  Nuestras modificaciones del entorno no afectan solamente al calentamiento global a largo plazo, también al local en tiempo real.  Al bajar el sol, la diferencia de temperatura entre la masía (la casa está rodeada de suelo y muros de piedra) y el bosque (a escasos metros) es enorme, lo que obviamente se debe a que la piedra se calienta durante el día y al caer la noche nos hace sufrir un bonito efecto “horno de campo”.  Que es lo que pasa en las colmenas de cemento que llamamos ciudades y la gente soluciona con el aire acondicionado que viene a sumar más contaminación y efecto invernadero.  También se nota gran diferencia cuando, en lugar de usar una tienda de campaña (a veces tenemos que hacerlo obligados por la lluvia), nos tiramos únicamente con los sacos, con las estrellas por techo.  ¿Necesito agregar más detalles para que se entienda por qué estos cerdos se quejan por la noche en verano?

Pero como ya sabemos, al entendimiento sordo de los “androides extraviados de la modernidad” (como los apodé en mis novelas) la evidencia en contra nunca es suficiente para detener nuestro supuesto “progreso”, que este verano nos regaló otra innovación, un ruido nuevo, parecido a una turbina de avión pero constante, y toda la noche.  A la noche siguiente volví a notarlo y a la siguiente, ¡vino para quedarse!  Se imaginarán mi frustración teniendo en cuenta el lugar que elegí para vivir, muchos en su inocencia pensarán que realmente se vive tranquilo aquí, nada más lejos de la realidad, además de los chillidos de estos cerdos, las cosechadoras trabajan durante toda la noche (por suerte acaban al acabar la cosecha), hay que también aguantar el hard techno proveniente de fiestas organizadas en masías de la zona, ocasionalmente algún botellón, a veces hasta las siete de la mañana y, como broche de oro, algún tarado que sale a la noche con su moto o coche con escape libre a jugar carreras en la carretera que separa la granja de nuestra masía (en la foto no se ve).  No sólo los fines de semana.  Volviendo al nuevo ruido, a la cuarta noche de sufrirlo, alrededor de la una o dos de la madrugada bajé con mi bicicleta a cerciorarme de dónde provenía; como había sospechado, venía de uno de los tinglados de estos cerdos, el tinglado más grande.  De vuelta en el bosque, medio en broma le comento a mi mujer, ¡No me extrañaría que les hayan puesto aire acondicionado a los chanchos!

Otro punto que siempre comento con mi mujer es que analizando lo que el ser humano hace pura y exclusivamente desde lo único que desde su miopía le importa, también acaba perdiendo: no sólo cada vez vivimos peor, cada ves pagamos más por todo.  Y no solamente el consumidor final.  El caso de esta granja no es la excepción, cuando me acerqué a hablar con el matrimonio encargado de la misma, no sólo me confirmaron lo del aire acondicionado para cerdos que, según ellos, lo instalaron obligados por no sé qué leyes de “bienestar animal” (cuando lean el chiste al final ya me dirán si no es éste un ejemplo de analogía perfecta), también que últimamente sus ventas van en pérdida, actualmente pierden 35 euros por cerdo vendido.  No obstante, cuando les hice notar que todo este montaje y su mantenimiento implica un enorme costo y que con la extensión de tierra con la que cuentan podrían criar los cerdos al aire libre, como el sentido común pide a gritos (y como las leyes de bienestar animal deberían exigir), me miraron como si dijese tonterías.  Ella, que ya venía maltratándome desde el saludo, respondió insultándome y sugiriéndome que busque otro lugar donde vivir.  Él, que al menos fue amable, también me avisó que próximamente agregarían estos ventiladores a los otros cuatro tinglados, quintuplicando el ruido, con lo cual, para mí, la única solución va a ser seguir el consejo de esta buena señora; la duda es adónde mudarme, ¿a Marte?, descarto La Luna porque seguramente el hard techno ya se oye desde ahí.

El chiste

Un paisano se sienta en el tren frente a dos mujeres.  A medio viaje saca una escupidera, la pone en el asiento, se baja los pantalones, caga, se limpia con un papel de periódico, tira la mierda por la ventanilla, se sube de nuevo los pantalones, se sienta y saca un cigarro.  Antes de encenderlo, mira a las dos mujeres y les pregunta: ¿Molesta si fumo?


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